A finales del año 2023, sobre noviembre, seguíamos sin noticias y volvimos a presentar una queja formal a través del servicio de atención al paciente para ver qué pasaba con lo mío, que menuda manera de tomarnos el pelo. Nada de suavizar las palabras, decir las cosas claras (y el chocolate espeso). De estas no teníamos pensado retirarla por muy chulo que se pusiera. Carallo, cómo escuece. En cuanto la recibió volvió a llamar raudo y veloz pero no nos amilanamos, que todo lo vivido por mi y mi familia no tenía nombre, la queja iba a seguir su curso, y que hicieran el favor de contestarla por escrito. La carta llegó en enero de 2024, y a día de hoy, febrero de 2025, sigo sin leerla. No tengo ganas, ya paso de las excusas baratas.