sábado, 14 de octubre de 2017

Muero de amor

Es tan especial esta anécdota que se merece una entrada para ella sola. Bien es sabida la sinceridad sin cortapisas de los niños.

Estaba en el cine con mi ahijado y pusieron el anuncio de la lotería del Niño. Surgió esta espontánea conversación:

- Yo: Cuánto dinero, ¿qué haríamos?
- Ahijado: A mí con 5 millones me llega, una casa...
- Yo: Un coche...
- Ahijado: Un perrito..., y un buen médico que te cure!!!

MUERO DE AMOR POR ÉL😍😍😍

lunes, 18 de septiembre de 2017

¡Qué navidades!

A la semana de salir del hospital llega una Nochebuena con toda la familia, nunca fuera tan especial. El periquillo de mi ahijado mayor, de aquellas con 9 años, no quería darme un beso ni un abrazo. No paraba de mirarme al cuello y poner caras raras. Veía las cicatrices, la piel roja y aún inflamada, y decía: no, no, que me da asquito.

En estas navidades me puse como el Quico. Merendaba a veces por partida doble. Si tenía a mi ahijado y nos íbamos al cine o por ahí, nos tomábamos una mini pizza, o dos. Y cenaba igualmente después de las comilonas de Navidad o Año Nuevo.

Mi cirujano llamó para felicitarnos las fiestas, y las palabras que dijo hicieron que se me formara un nudo en la garganta de la emoción y no pudiera evitar las lágrimas: mi regalo para ti estas navidades es que puedes volver a hablar.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Tercera operación

A consecuencia de la neumonía tuve que ingresar ya el 30 de noviembre de 2015 para atacar la infección antes de poder operar.

Como en otorrino no había camas, pasé un día en trauma, y coincidí en la habitación, casualidades, con una chica argentina cuyo padre era originario de Bentraces, un pueblo al lado de Ourense.

Cuando me tuvieron que pinchar la vía fue una odisea. A la cuarta fue. Las tres primeras intentaron en el brazo izquierdo superior y me dolieron un montón. No prosperaban y se rompían. Se me puso todo morado y amarillo y verde. La pobre enfermera avisó a otra compañera para que lo intentara ella, pero en el brazo derecho, que el otro, pobriño, estaba para el arrastre.

La tercera operación fue el 9 de diciembre de 2015. Me quitaron el tubo de Montgomery y me cerraron todo.

No tuve vómitos postoperatorios ya que en la consulta de anestesia comenté que me administraran Primperan cuanto antes para evitarlos.

Estuve bastante bien, sin problemas de medicación ni para alimentarme, aunque fuera a base de purés.

Estuve ingresada hasta el 16 de diciembre, y regresamos a casa el 17, el día de mi cumpleaños. Menudo día!!!!!!!

jueves, 17 de agosto de 2017

Decoración navideña

Me pasé todo el puente de Diciembre en el hospital, si ya de por sí es aburrido estar ingresada, ni os cuento durante un puente, aquello era desesperante. Y para entretenerme me dediqué a realizar decoración navideña con la que adornar el control de enfermería.

Papel seda, ceras de colores, rollos de papel higiénico, pegamento, tijeras, folios blancos, restos de cartón, conformaron una estampa de lo más bonita. 

Me faltan las figuras de los Reyes Magos, que las hice de forma parecida a los cantores de villancicos. Y las bolas navideñas, con cartón y pintadas con ceras, como las de la corona.

Cantores de villancicos

Corona navideña

lunes, 31 de julio de 2017

Y para acabar de rematarla, pillo neumonía

Me dieron el alta y llegamos un viernes de Móstoles. Al lunes siguiente fuimos a la residencia para que me viera el jefe de servicio de ORL de OU, ya que la cirugía que me hicieron no la realizaban aquí y a todos les interesaba verme.

Fui en bus y aunque no esperé mucho rato en la parada, me debió coger el frío porque a la tarde me encontraba fatal y me subió la fiebre. Empecé con paracetamol para aliviar síntomas.

Por la noche no paraba de toser, una tos seca e incómoda, y ya empezaba a recordar "mis mejores momentos".

Al día siguiente lo mismo, me subía la fiebre por la tarde, pero el resto del día, estupenda.

Y la tos seguía, y además me echaba la mano al costado, como los viejiños. Pensaba, pobre de mí, que era una mala postura, de tanto toser que me hubiera estirado un músculo o algo.

Como no mejoraba, y apenas me podía mover del cansancio, el dolor, el agotamiento, el viernes el neumólogo me hizo una placa y vio una pequeña infiltración que indicaba neumonía. Me dio antibiótico para evitar ir a mayores.

Llamamos al jefe Ortega a Móstoles para comentar los resultados, y el domingo estábamos volviendo a Móstoles, donde ingresé el lunes. Total, escasos ocho días en casa.

No se me ocurre otra cosa que ir a la peluquería a que me lavaran el pelo. Con el tubo aún me resultaba difícil y no tenía fuerzas para hacerlo yo. Casi no podía caminar, y el ruido que había en el centro comercial se me hizo infernal y me machacaba los oídos.

El viaje en tren fue un suplicio. Solicitamos asistencia en silla de ruedas para llegar al vagón porque no podía con el alma. Demasiados días sin dormir. Todavía comiendo papas, que costaba tragar por las molestias y la debilidad general.

A causa de la infección no se pudo operar ese miércoles ya que corríamos el riesgo de extenderla por todo el cuerpo, sino que hubo que esperar a la semana siguiente.

Me pusieron antibiótico por vía, distinto, más potente y más veces al día, "de estos que matan los bichos a cañonazos", según dijo el "Lolailo".

El plan era volver tras el puente de diciembre para operar de nuevo y cerrar todo, pero con esto se adelantó un poquito.

sábado, 8 de julio de 2017

Mi primera palabra

Cuando pasé por esta segunda operación llevaba prácticamente cuatro meses sin hablar. Que se dice pronto. Cuatro meses de rabia e impotencia en que la gente me trataba como un bicho raro muchas veces. Cuatro meses de tener que ir acompañada a cualquier sitio por si me pasaba algo y tener a alguien que hablara por mí. Cuatro meses expresándome a través de una libreta. Cuatro meses de frustración por no poder expresar lo que quería en ese momento a la orden de ya. Cuatro meses de que no me dejaran decir lo que quería porque cuando me disponía a coger la libreta ya soltaban "ya sé lo que vas a decir, no cojas la libreta". Cuatro meses en que aprendí a disfrutar del silencio, y a expresar cosas con la mirada.

Y por fin llegó el día. A las 24 horas de la operación, sentada en mi sillón, aparece mi súper Primi y una adjunta, de Viveiro además. Me dice "a ver, dime algo", y honrando a mi carácter gallego y queriendo resarcirme de todo, lo primero que suelto es un enorme CARALLO. Aunque con la vocecilla que queda tras toda la tralla que tenía encima.

miércoles, 21 de junio de 2017

Sonda nasogástrica

En esta segunda operación, como tuvieron que cerrar una traqueo y abrir otra nueva para colocar el Montgomery, y por precaución, me pusieron una sonda nasogástrica durante una semana. Quiere decir que en ese tiempo no pude ingerir ni alimento ni bebida por vía oral, para prevenir posibles fisuras entre tráquea y esófago.

La sonda es un dispositivo de nutrición enteral que consiste en un tubo de plástico flexible que se introduce a través de la nariz y permite llevar el alimento directamente al estómago. Estaba todo el día enchufada, y lo digo literalmente. Para permitir que el alimento fluyera por el tubo tenía que conectar el palo con todo a la corriente. Sólo cuando iba a pasear o al baño me desconectaba, por lo que esos días poco me movía.

Lo que más me desesperaba era el no poder beber. Cuando ya no aguantaba metían algo de agua con una jeringa por el tubo. Todo esto teniendo en cuenta lo que me picaba la garganta y las toses que me daban.

A la semana aproximadamente me quitan la sonda. Me despegan el esparadrapo que la sujetaba en la nariz, y empieza a salir tubo y tubo y tubo. Justo cuando el final tocó la nariz molestó un poquito.

Para comprobar que todo estaba en orden, me dan un yogur, de fresa (me dejaron elegir), y me observan comerlo. Si trago bien, si molesta, si se escapa algo por la traqueo. Todo perfecto. En la consulta estábamos tropecientos, mis padres, varias enfermeras y auxiliares, dos cirujanos y algún residente, y yo sentada en el medio mientras todos miraban.

Con la alegría del momento, de ver que ya podría comer alguna papilla y blandito, y beber, salí de la consulta casi saltando y agitando los brazos, y fui a ver a mis compañeros de batallas, que estaban en las habitaciones de al lado.

Luego me dio un bajón tremendo y estuve muy mareada todo el día, y me tuve que meter en cama. La comida bajó más o menos, pero la cena ya no la soporté, era tomar un bocado y vomitar. Sólo ver el plato y pensar que tenía que tragar ya se me removía todo y me daban arcadas. Solución, el horror. Me tuvieron que volver a poner la vía para meter Primperan. Como unas dos veces, que no prosperaba. Al final en la flexura del brazo, con lo que iba con él tieso y para comer era un coñazo, teniendo que usar el brazo contrario. Para dormir apoyada en el lado opuesto y sin mover un pelo por miedo a que se saliera.

Al día siguiente ya comí daquela maneira, pero me llevó una eternidad.