domingo, 13 de noviembre de 2016

El pelito limpito, qué gustito

Después de unos cuantos días ingresada, y duchándome con mucho cuidado sin tocar el cuello por miedo a que entrara agua por el estoma, pregunté cómo podía hacer para lavarme el pelo.

Entre dos auxiliares y mi madre, allá nos metimos todas en la ducha. Yo en chanclas y biquini que daba penita verme de lo escuchimizada que estaba. Mi madre poniendo toallas y el pijama sucio por el suelo para empapar el agua, una de las chicas agarrando la puerta de la ducha mientras la otra me lavaba el pelo con la alcachofa. Y yo toda tiesa con la mano en el cuello por si se escapaba alguna nota. 

De vez en cuando me preguntaban si iba todo bien, y como no podía hablar levantaba el brazo.

Qué gustito, por dios. La melena libre al viento. 

lunes, 31 de octubre de 2016

Respirar y hablar

Al tener la traqueotomía abierta, no se respira por la nariz y no se puede hablar. En alguna consulta de planta probaron a ver si podía respirar tapando la traqueo, pero cuando era consciente de ello me debía poner nerviosa sin pensar y era incapaz. En cambio, unos segundos en los que me hacían la limpieza del estoma taparon sin darme cuenta y no me ahogué!!!

Otra cosa tremenda fue el poder oírme por primera vez tras la operación. Me costó un rato, primero por lo de respirar, y luego por reunir el suficiente aire y la suficiente fuerza como para ser capaz de pronunciar nada más que mi nombre. Estábamos en consulta la otorrina, la enfermera y yo. Tenía la cánula fuera para su limpieza y estaba todo abierto. La otorrina cogió una gasa para hacer el intento, y me impelaba a decir mi nombre: venga, vamos, cómo te llamas? Cuando lo dije, alto y claro, no me lo podía creer. Me eché las manos a la boca y empecé a llorar. Tanto, que se abrazó a mí emocionada, y la enfermera también, y allí las tres a moco tendido.

jueves, 13 de octubre de 2016

Mis problemas con las vías

Casi más que las operaciones, a las vías es a lo que le temo. No es como en los análisis, que con un simple pinchazo y unos segundos ya acaba. Aquí me hurgan, y digo bien, hasta encontrar el mejor sitio por donde pinchar. Y los catéteres son, en ocasiones, muy largos. La mayoría de las veces no dan a la primera, y es que, me enteré bastante tarde, tengo las venas finas, y además la piel gruesa (primero, que cuesta pincharme, y segundo, que una vez que pinchan, con esa finura, revienta todo, las venas y las agujas).

Mi primera desagradable experiencia ocurrió al poco de la primera operación. Ya llevaba rato notando un escozor cada vez que me ponían la cortisona y el antibiótico. Yo me quejaba, y para paliar un poco redujeron la velocidad a la que se suministraba.

A veces me dolía tanto, que era incapaz de comer con esa mano porque no se sostenían los cubiertos. Comía con la izquierda, o bien me daban de comer.

En uno de estos chutes empecé a notar cómo hinchaba, pero no le dí mayor importancia, hasta que cuando vuelvo a mirar tenía el antebrazo completamente deformado. Una flebitis de campeonato. Asustadísima, atrapada en mi sillón porque a la vecina no se le ocurre otra cosa que plantar el suyo al lado dejando el pitufo con el gotero en el medio sin posibilidad de escapar, sin poder hablar, y el timbre fuera de mi alcance. Me puse a gesticular e intentar escribir con la izquierda la palabra "enfermera" para que buscaran ayuda. Cuando llegó, y vio el panorama...Nueva vía, hasta lo que dure.

A los pocos días volvió a fallar, pero esta vez ya fui más rápida. En cuanto me pincharon y vi que empezaba a hinchar, avisé corriendo y la quitaron. Ya venía la enfermera a ponerme otra, cuando oigo a la compañera: no la pinches, porque si marcha de alta, que intente tomar por vía oral. De la alegría, me puse a dar saltos por el pasillo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

El desprendimiento

Pues resulta que a los diez días aproximadamente de la operación me retiraron algunos puntos que tenía alrededor del estoma de la traqueo. Todo parecía ir bien, pero a la tarde empecé a notar una pesadez en la zona y pensaba que estaría otra vez con los malditos tapones de mocos. Se lo comenté a una enfermera y me hicieron una cura, pero estaba limpita. 

Me dio una impresión tremenda verme en el espejo, se veía todo muy amorfo y un agujero enorme. 

En la consulta de planta de la mañana siguiente ya se dieron cuenta de que algo no estaba bien. Tenía un desprendimiento de tráquea. Un pinchacito con la anestesia y a coser otra vez. Menos mal, porque estaba previsto que me dieran el alta ese día, y me quedé unos cuantos más.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Espejito, espejito

Por fin llegó el momento de que tuviera que hacerme yo los cambios y las curas. Me preguntaban casi a diario, después de un tiempo prudencial, si me atrevía, pero me daba tanto miedo de hacerme daño, por un lado, y tanto asquito de verme el estoma, por otro, que nunca me atrevía.

En una de las consultas diarias, una de las otorrinas me puso las pilas diciendo: tienes un problema, es tu problema, y tienes que enfrentarte a él. Al toro por los cuernos!!!

Verme al principio costaba un poco, y para colocar la cánula hacía numeritos para que no chocara con nada ni me rozara la piel. Gracias a todas, que me vigilaban, la técnica fue mejorando.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Ni se os ocurra volver a pintar

Este primer ingreso coincidió con parte de las obras de ampliación de la residencia. Era un pasatiempo asomarse a los ventanales y ver como avanzaba. En 20 días hicieron casi dos plantas.

Cuando taparon las vistas empezó a correr un rumor de que un gancho de la grúa se había esnafrado contra el ventanal de unas plantas más abajo, y por precaución nos dejaron casi a ciegas. La supervisora decía que se iba a traer un póster del Caribe para ponerlo en el hueco y alegrarnos la vista.

Empezaron por parte del ventanal de la sala de visitas, con tan mala suerte que le tocó a la única ventana que se podía abrir. Lo digo porque panelaron todo con una especie de gomaespuma y como quedaba muy feo el original lo pintaron (con un cheiro apestoso, en la planta donde la gran mayoría tiene problemas respiratorios, aunque aquí cerraron la puerta). Lo peor fue cuando le tocó al pasillo. Nos decían que nos metiéramos en la habitación y con la puerta cerrada, horror, si ya de por sí es deprimente estar ingresado, que aún encima no puedas salir de la habitación....

Ilusa de mí pensaba que con una manito de pintura sobraba, jaaaa. Cuando vi al pintor acercarse con el bote y la brocha a la ventana le dije (más bien le escribí, aún tenía la traqueo abierta): no se os ocurrirá pintar otra vez? Casi me pongo de rodillas suplicando. El pobre, más majo, dijo que nos entendía, él era sólo un mandado, incluso los mandaran a picar una pared a Neurocirugía, al lado de un pobre hombre recién operado del cerebro. Nos acercamos a control de enfermería y una de ellas llamó a no sé quien, y al final lo dejaron como estaba. Victoria conseguida!!!!!!!